El blog de la Biblioteca del IES Rodrigo Caro de Coria del Río

miércoles, 29 de abril de 2015

En torno a El Quijote: El prólogo

El prólogo es un texto que encierra una paradoja: resulta que es el último texto que escribe un autor (o quien él elija) acerca de su obra, pero lo sitúa al frente de la misma. Ahí, su autor justifica el haberla compuesto o muestra algunas circunstancias importantes sobre la misma. 
El prólogo siempre es un monólogo pero Cervantes, después de haber invertido toda la estructura de las novelas de caballerías, no podía  hacer un prólogo al uso, serio y sesudo, sino que también, ya por costumbre, lo sometió a la ironía y el sarcasmo: lo convirtió en un diálogo, en un diálogo casual e íntimo con un amigo. Y fue así:
…Muchas veces tomé la pluma para escribille, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío, gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó la causa, y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que ni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble caballero.
—Porque ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como ha que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a cuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina, sin acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos y elocuentes?…
Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y disparando en una carga de risa, me dijo:
—Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de un engaño en que he estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os he tenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones...A la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y penuria de discurso. ¿Queréis ver si es verdad lo que digo? Pues estadme atento y veréis cómo en un abrir y cerrar de ojos confundo todas vuestras dificultades y remedio todas las faltas que decís que os suspenden y acobardan para dejar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro famoso don Quijote, luz y espejo de toda la caballería andante…

                Y es así como su amigo le va diciendo todo lo que tiene que hacer y dejar de hacer para rodear su libro de toda la periferia que se acostumbraba. Y sin querer hacerlo, lo hace. A lo mejor quiso seguir los pasos de Lope de Vega, el monstruo de la naturaleza, según Cervantes, cuando compuso su famoso poema que comienza “Un soneto me manda hacer Violante…”. Y yo me pregunto: ¿quién se supone que es el autor del prólogo, Cervantes o su amigo? ¡Qué raro!
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